17 feb. 2019

Miracolo a Milano con un Lazzaro felice

El cine de Poesía que cantaba Pier Paolo Pasolini frente al cine de Prosa de Rohmer tiene una nueva defensora con Alice Rohrwacher que sin duda, ha hecho la mejor película del pasado 2018.
Otra vez más, se la ha ninguneado en Cannes e Italia por ser dirigida por una mujer. Eso creo, eso me temo, eso apostaría.




Como una parabola de la Biblia, nos recuerda a la mirada limpia, hermosa, virgen de Ana Torrent cuando era pequeña en El espíritu de la colmena pero también nos remite a los ojos de Totò, descubierto entre coles, como dice el dicho italiano  (los niños los traen las cigüeñas, coles en Italia) interpretado por el actor Francesco Golisano.






La segunda mitad de Lazzaro feliz también  se desarrolla como la obra maestra de Zavattini - De Sica en Milán. Rohrwacher ha rodado en las zonas más feas de la capital lombarda, que al ritmo de transformación que se desarrolla allí, será algún día encontrar algo tan desagradable como el nuevo descampado de los pobres, de los desheredados de Europa.




La mujer de Benigni, Nicoletta Braschi (a la derecha en la foto de abajo) tiene un gran papel como la Marquesa de Luna, aunque por desgracia sale poco. Con desorientación temporal nos adentramos en un mundo rural extraño, cerrado, atrasado.  ¿Es el sigo XIX, estamos en el XX, dónde, cuándo? No contaré nada más.
Véanla. 

En tiempos de Vittorio de Sica se ganaba la Palma de Oro. En tiempos de Zavattini existía un poderoso partido comunista, y los infelices tenían su redención. Existía la URSS. El capitalismo era malo, se le castigaba en cierta manera. Ahora no, los bancos no perdonan. 




Con Adriano Tardiolo sí que ha nacido una estrella, petardo Cooper,  es  de la hermosísima Orvieto, tiene 21 años y su mirada no se olvida jamás. 




Ninguneada en Italia donde la espantosa tontería masculina de Dogman ganó los Nastro d'argento. 
o el macho Sorrentino arrasó con Loro. 
amén de no mandarla a los Oscar. 

en Italia jamás ha ganado una mujer directora nada: Cavani y Wertmuller, 
a quien Pauline Kael adoraba en el New Yorker
y por eso Lina Werrtmuller fue nominada a multiples Oscar

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